domingo, 22 de octubre de 2017

La velocidad del otoño - Reseña


¿Hay belleza en la vejez? ¿cómo enfrentarse a algo para lo que nunca nadie nos preparó? ¿es posible mantener la propia identidad hasta el final?... Del paso del tiempo, de la melancolía y la nostalgia, de la soledad y el vacío, de la indefensión y el miedo, a medio camino entre el humor y el drama, nos habla Alejandra en esta obra -"La Velocidad del Otoño"- articulada en torno a la conversación que, en un momento crítico de su vida, esta mujer mantiene con el más pequeño de sus hijos.
Una conversación dura, tierna, conmovedora, donde aflora la sabiduría, la pasión por la vida, por el arte y la belleza de una anciana inteligente y sensible que a toda costa lucha por mantener su independencia y su libertad "el valor más preciado, quizá el único que tenemos". Una mujer perdida entre los restos de una vida que fue un día alegre y luminosa y que el tiempo, lento e implacable, poco a poco le ha robado para siempre. Una mujer que pese a todo no renuncia a su capacidad para elegir, para decidir su futuro.  

Texto sencillo, delicado, evocador, emotivo y muy bello magníficamente interpretado por Lola Herrera y Juanjo Artero sobre un tema difícil, profundo, muy doloroso también por momentos.

lunes, 16 de octubre de 2017

La muerte de la mariposa - Reseña


"Eran la misma persona con dos corazones y dos cabezas; y esos dos corazones y esas dos cabezas se volvían apasionadamente el uno hacia el otro, el otro contra el uno, hasta arder en una única hoguera".

Recién publicado por Gatopardo Ediciones, “La muerte de la mariposa” es el relato de un amor, de una devoción y una pasión, de una lucha feroz contra el alcohol y la enfermedad, de una época ligera y fugaz, chispeante, bohemia y luminosa donde los sueños parecían fácilmente convertirse en realidad.

En muy pocas páginas el autor de esta historia -Pietro Citati-  nos adentra en la intimidad y el secreto de una pareja irresistible, emblemática como pocas, la que Francis Scott Fitzgerald formó junto a su esposa Zelda durante los años veinte y treinta del pasado siglo. Atrapa Citati de forma magistral el espíritu de una historia de amor profunda, cómplice, conmovedora, tormentosa...; nos asoma a un abismo de miedos, inseguridades, decepciones, flaquezas, derrotas...; nos muestra las heridas, las huellas que inevitablemente en las vidas y el alma de los protagonistas poco a poco va dejando el implacable transcurrir de los días y los años; asistimos junto a ellos a la transformación en dolor y desesperanza de ciertas -quizá demasiadas- promesas incumplidas para, al fin y pese a todo, caer rendidos frente a la magia eterna de un amor que el tiempo convirtió en leyenda, frente a la sobrecogedora belleza de una lealtad inquebrantable.

viernes, 13 de octubre de 2017

El genio de los deseos


Suspira y cierra los ojos... En su recuerdo: mil y una noches repletas de estrellas; olor a jazmín; el tañido melodioso de las campanas meciendo con dulzura el despertar de la ciudad. Una ciudad ya para siempre convertida en nostalgia. Frente a ella: el cruel silencio de las fotografías; oscuridad, tristeza, cansancio; frío y devastación. En su alma: un deseo; una súplica; una oración. Entre las nubes, lejos, muy lejos, de aquella tierra tan herida: la magia. En el destierro eterno de los mundos perdidos: un hechizo. Un genio acurrucado en su lámpara que lágrimas de impotencia y rabia lloraba.



Microrrelato para los Viernes Creativos de https://elbicnaranja.wordpress.com/
Imagen Michel Pederson.

lunes, 9 de octubre de 2017

De piratas y corsarios


En el lugar más recóndito de la isla, en una tumba sobre una colina al borde del mar, unos mortales restos reposan. Allí yace también un hechizo. El eco eterno de la aventura de un mundo perdido, la magia y la fantasía, la curiosidad, cierta infantil inocencia, es lo que aquella sepultura sin nombre custodia. Cuentan que, en las noches de tormenta, una extraña canción el viento silba, al tiempo que dos feroces bucaneros desde un velero espectral a su inmortal hacedor saludan. Ron, ron, ron... parece la ventisca gemir. Entre las olas sueña su tesoro John Silver. Enigmático, sonríe.


Este relato fue seleccionado entre los finalistas del "II Concurso Donbuk de Microrrelatos" y aparece publicado en la Antología del concurso. Septiembre 2.017.



Imagen: Internet

domingo, 8 de octubre de 2017

Muñeca de porcelana - Reseña


"Muñeca de porcelana" -"China Doll" en su versión original- obra escrita en su momento por David Mamet para Al Pacino y ahora en España magníficamente interpretada por José Sacristán, nos adentra de forma descarnada y muy ácida en los entresijos del poder, en un mundo oscuro,  turbio  e inquietante de dinero, secretos, mentiras, influencias, traiciones... en el siempre opaco universo de la política (de quienes tras ella impulsan ciertas decisiones al amparo de las sombras) y de la corrupción.
Es esta una obra ágil, irónica, muy original en su estructura, articulada casi por completo en torno a una serie de conversaciones telefónicas a través de las cuales Sacristán despliega un abanico de estados emocionales con los que hace cobrar vida a su personaje y logra contagiar el ritmo y la tensión de la acción al espectador. Prácticamente un monólogo a pesar de la presencia constante sobre el escenario de un segundo actor -Javier Godino- con diálogos muy breves y cuyo papel sólo al final de la trama cobra cierta importancia.
 El tema que se aborda, sin embargo, es tan real que resulta también muy previsible y ni la evolución de los acontecimientos ni su desenlace final alcanzan realmente a sorprendernos.

Merece la pena, en cualquier caso, asistir a la interpretación impecable, poderosa y repleta de matices que de su personaje hace José Sacristán.

lunes, 2 de octubre de 2017

Añoranza



La busco entre la sombra de un recuerdo

Nunca está

Sombra antigua, efímera y burlona

Sombra dolorida, insolente y magistral

Vagabundo de sueños

 Vagabundo de ilusión

Lucidez devastadora que, cruel, mi derrota murmura

Desgarro, pérdida, desesperanza

 Desamparo y llanto en un recuerdo ahogado

Estrella inalcanzable

Estrella mágica y fugaz

 Tenue brillo entre tanta oscuridad

 Incapaz de retenerla, junto a ella mi alma siempre va

Una lágrima en mis ojos

 Un recuerdo

 Plomo en mi silencio       

Un día cualquiera


El día que las olas del mar apaguen con su espuma el fuego del amanecer

 Que la luz del arcoíris aplaque con su brillo la ferocidad de la tormenta

El día que bajo la arena una estrella de mar llore su añoranza por el cielo del que una noche antigua cayó

Que rocen tus ojos los míos y una sonrisa fugaz ahuyente de tu rostro el desconcierto

El día que un instante mi recuerdo venza al vacío de tu olvido...

Sólo ese día mi corazón podrá quizá latir de nuevo

 Y sentir que  alguna vez hubo magia en el mundo.

sábado, 30 de septiembre de 2017

Quinto B



El mismo piso. De nuevo. Y ya eran tres los asaltos que aquel agosto había sufrido, algo ciertamente excesivo incluso para tal mes. Como siempre puerta de par en par, cajones desvalijados, libros por el suelo, nada, al parecer, que echar en falta. Un halo de misterio envolvía sin remedio a su inquilina. ¿Qué escondía aquella anciana y quién lo buscaba con tanta tenacidad? Desplomada en su sillón, rodeada de policías, ella temblaba, no de miedo sino de emoción. Debía acabar con semejante desatino -lo sabía- pero tanto le pesaba la soledad... Y tan divertida resultaba siempre su pequeña picardía... 


Microrrelato finalista semanal el día 30 de septiembre de 2.017 en el concurso "L'art d'escriure" del programa Wonderland de Radio 4 RNE.
          http://blog.rtve.es/wonderland/

          Imagen: Internet

lunes, 25 de septiembre de 2017

Una muerte anunciada

Desde el día que murió -tan frágil, tan inocente, tan bella- un viento gélido y devastador, implacable, recorre el mundo. Atónitos y espantados, contemplamos entonces -amargo conjuro- desvanecerse de inmediato frente a nuestros ojos toda esperanza. Desapareció cualquier signo de benevolencia y alegría, dejó en nuestras almas de latir la poesía y sólo oscuridad, vacío y silencio en ellas quedó. También miedo. Justo castigo, cierto es, aunque imposible nos hubiera nunca resultado imaginar tan inmensa e infinita desolación. Alevoso crimen o fatal accidente poco importa, ligados como siempre estaremos -todos: culpables o inocentes- al trágico destino de aquella humilde, solitaria, serena, siempre tan pacífica paloma.



Microrrelato para el concurso "Relatos en Cadena" del programa La Ventana de la Cadena Ser.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Niños de nadie


Elmer Mendoza nació un día de invierno frío y lluvioso. Nadie recuerda con exactitud la fecha pero sí el frío y la lluvia, inmisericorde y torrencial, que por aquel tiempo cayó durante días. Y la niebla. Una niebla espesa que llegó de golpe a la ciudad borrando todas las cosas. Tal vez fuera enero. Tal vez no. Nunca a causa de semejante olvido ha celebrado su cumpleaños. Nunca ha tenido regalos, tartas, ni velas a las que infantiles deseos soplar.
Aquel invierno, el invierno de doce o quizá trece años atrás en que Elmer vino al mundo, habían vendido sus padres la poca tierra que en su aldea natal tenían y, esperanzados como nunca estuvieron, como ya nunca volverían a estarlo, a pesar de la multitud de miedos e incertidumbres que, inclementes, sobre ellos se cernían, habían marchado a la capital en busca de un futuro más próspero para el hijo que en camino venía. Pero sabido es que nunca tuvo compasión con los pobres el destino y sólo un terreno en un suburbio de la periferia, más allá del extrarradio, de las vías, de los edificios grises y las inevitables torres de alta tensión, un terreno próximo en exceso al inmenso vertedero que el contorno de aquella ciudad inhóspita y áspera como pocas delimita, fue lo que el perverso azar les reservó y a lo que hubieron su nueva vida de conformar.
Allí, a escasos metros de la cerca, con incansable y tenaz esfuerzo, cultivan desde entonces berenjenas, calabacines, coles y tomates que pocas veces consiguen vender. Y allí, al filo de la desolación y la impotencia, clavada la angustia en el pecho, hondamente herido  su corazón, casi vencidos, lágrimas de rabia y desaliento, lágrimas con un amargo sabor a exilio y a derrota, lloran sin ruido cada noche -ojos hundidos y cansados- en un triste duelo por la pérdida de aquella ya tan lejana, ingenua y efímera ilusión, desvanecido frente a ellos sin remedio el futuro que juntos un día soñaron.
Y es que, pese a hacer todo lo posible -y cierto es que lo hicieron- a veces sucede que ni aun esto resulta suficiente, nunca mejoran los tiempos y para tal infortunio no existe entonces consuelo. Límites hay que el valor humano jamás a superar alcanza.
Así fue que en este lugar remoto y por todos olvidado, en una vieja barraca de madera y zinc tan mísera como una chabola, nació Elmer. Un muchacho ahora alto y fuerte, espigado, de rostro atezado por el sol y ojos oscuros, brillantes, profundos y esquivos que cada día, mucho antes del amanecer, en ese momento en que el silencio parece devorar las horas, salta de su pequeño camastro y siempre sigiloso para no despertar a los hermanos que tras él llegaron, como una sombra apenas arrancada a las tinieblas, sale a la soledad de unas calles donde hace mucho la miseria se hizo costumbre, de unas calles que a cada paso hablan de dolor. Cabizbajo y lento, un peso insoportable de llanto e injusticia a sus espaldas, al vertedero entonces se encamina y allí confundido entre decenas de chiquillos harapientos -ojos tristes, mejillas hundidas, manos sucias, alma gastada- hace mucho tiempo todos ellos resignados a su suerte, y los perros y buitres que habitan el lugar, armado como todos con su inevitable garfio y como todos de inmediato cubierto por una grasienta costra de mugre, con inocente esmero, escarba entre la basura en busca del quizás único sustento de que ese día dispondrá la maltrecha, siempre exigua, economía familiar.
Elmer no se queja. Nunca se queja. Tampoco se avergüenza. Es su trabajo. Gracias a él -bien lo sabe- subsiste su familia, digna, casi heroica, superviviente de las privaciones y la escasez. Y se siente orgulloso. Mucho. Pero lo odia. Lo odia de un modo profundo y oscuro que por mucho que intenta no logra evitar. Odia la basura, el olor, los insectos,  los camiones, el humo de los gases... Tan desagradable todo, tan sucio, tan insalubre. Tan triste y descorazonador.
En secreto, un secreto nunca con nadie compartido, Elmer sueña estudiar. Quisiera ir a la escuela, merendar en el parque a la salida de las clases, jugar al baloncesto, confundirse y ser uno más, entre todos esos chicos a los que cada tarde espía desde lejos... y un día -como ellos seguro lograrán- llegar a ser maestro o médico, quizás.
Algunas veces, pocas pero a veces, desde lo más alto de su montaña de escombros, golpeado por la pena y la soledad, levanta los ojos a un cielo para él siempre arisco y en penumbra. Susurra entonces una plegaria dolorida, una plegaria de tristeza abrumadora y sólo si por un instante una estrella atraviesa rauda el firmamento, el niño sonríe. Por alguna extraña razón -alguien un día le contó- las estrellas fugaces guardan relación directa con los deseos y esa idea, casi una esperanza, dibuja en sus labios una sonrisa. Una sonrisa breve, apenas un esbozo, tan fugaz como la estrella. La triste e inexpresiva sonrisa de quien nunca aprendió a reír. De quien sabe que algunas historias nunca alcanzan su final feliz.



Imagen: Meridith Kohut 

jueves, 21 de septiembre de 2017

Encrucijada

El monótono sonido del teclado de la vieja underwood que hace  tanto tiempo su padre le regaló -siempre desde entonces compañera fiel- se detiene al fin. Durante horas, sin pausa, ha resonado en la habitación y de improviso un silencio denso y pesado invade la estancia. Tras los cristales, al otro lado del balcón, la tarde se apaga lentamente. Ha comenzado a lloviznar, la luz es cenicienta y fría y una fragancia suave a tierra mojada, primera advertencia de un otoño recién apenas estrenado, se cuela por alguna ventana entreabierta.
 A esa hora imprecisa que ni al día ni a la noche parece pertenecer, solitaria como un fantasma, repasa Victoria las páginas escritas. Metódica y concienzuda. Con extremo cuidado. Satisfecha, por fin. Aspira lentamente el aire limpio y húmedo del anochecer y sucede en ese instante que por sorpresa sus ojos se llenan de lágrimas. No sabe bien por qué llora. Nunca fue ella mujer muy dada a la ternura pero una emoción incontrolable, algo que no acierta a explicar, de pronto la ha conmovido de un modo extraño. Sólo es cansancio, piensa y, sí, tal vez tan sólo eso sea. Tal vez.
Ha sido esta última, una época intensa y convulsa en la que a las más adversas circunstancias se ha debido enfrentar. Nada nuevo en realidad para esta mujer de férrea voluntad, dueña de una rara confianza en sí misma, luchadora independiente y tenaz siempre en armas contra un mundo y un tiempo que a las mujeres con método exquisito ignora. Pionera incuestionable en tantos frentes donde preciso resulta abrir nuevos horizontes.
Y quizá ése sea el motivo del inmenso vacío, del desconsuelo infinito que desde hace ya algún tiempo -ahora se da  cuenta- habita en su pecho.
 El murmullo dulce y quejumbroso del viento entre las encinas, la melancolía esta noche a su corazón tan férreamente anudada, la vulnerabilidad que a su pesar siente, hacen volar su recuerdo hacia las enseñanzas, los consejos y el cariño de su madre, hacia las risas alegres de sus compañeras del Lyceum, hacia la complicidad de sus maestras, hacia tantas y tantas mujeres valientes -sencillas o ilustres- siempre relegadas, siempre invisibles, a las sombras eternamente condenadas, con furia arrojadas a la frustración y al desaliento. Siente que su memoria y su lucha con su decisión traiciona, que sus expectativas y esperanzas tristemente defrauda, que retazos muy queridos de su vida en jirones se deshacen sin remedio. Y le duele tanto tan innegable deserción...
Amarga encrucijada la suya.  Lacerante y feroz.
El discurso que por fin hace un momento ha logrado terminar es impecable, en cualquier caso. Nada puede reprocharse. Ha trabajado en él durante días. Lo ha escrito y reescrito hasta la extenuación, incapaz por momentos de hallar el tono preciso, angustiada, desesperada, malherida en desigual batalla por unas palabras caprichosas, fugitivas que, una y otra vez, frente a ella, antes de dejarse atrapar, siempre raudas se desvanecían. Palabras finalmente capturadas que habrán de ayudarla -así al menos ella lo espera- a expresar algo más que un pensamiento, mucho más, un sentimiento. Palabras con las que, por encima de cualquier otra cosa, ansía ser comprendida y que a un íntimo desgarro, conmovedoras y conmovidas, habrán de prestar su voz.
Difícil camino el que esta mujer idealista y orgullosa comienza ahora a recorrer.
Hace lo correcto, de corazón lo cree. Y sin embargo... no logra desprenderse de ese extraño sentimiento que atenaza su garganta, algo muy cercano a la congoja, cierta mezcla de cansancio y melancolía. Nadie como ella comprenderá jamás la magnitud de su renuncia. El amargo papel que, en aras de un bien mayor -eso se dice- ha de representar. Plenamente convencida, decidida a no acallar la voz de su conciencia, incapaz de silenciar sus más profundas convicciones, dispuesta a afrontar el sin duda severo juicio de la Historia, a dilapidar -bien lo sabe- buena parte del prestigio hasta entonces tan duramente conseguido.
Pero su resolución es firme. Pocas horas después habrá de afrontar el momento decisivo y ella, Victoria Kent, maestra, doctora en Derecho, directora general de prisiones, diputada en Cortes, defensora infatigable de los derechos de su sexo, mujer lúcida como pocas, inteligente, audaz, comprometida... ella, Victoria, desde la tribuna de oradores del Congreso, desgarrada como nunca estuvo entre la renuncia a su más bello ideal y su ardiente pasión republicana, con absoluta convicción democrática, reclamará sin dudar el aplazamiento del voto femenino. Un voto que sin remedio -con sinceridad lo piensa- se vería ahora secuestrado por la voluntad omnipresente y seguro reaccionaria de maridos, padres o sacerdotes. Riesgo inasumible. Triste e inevitable paso atrás. Cruel traición, que sólo su desmedido amor por la República justifica.
Una y otra vez ensaya Victoria las palabras con que a la tarde siguiente -Uno de Octubre de 1.931-  habrá de dirigirse a la Cámara: "...Que creo que no es el momento de otorgar el voto a la mujer española, lo dice  una mujer que, en el momento de decirlo, renuncia a un ideal...".
Un oscuro desconsuelo asoma a sus ojos negros. Sobrecogida, frágil, vulnerable, atravesada por una pena insoportable que para siempre se clava en lo más recóndito de su alma, apenas consigue ya retener el llanto.
En la calle mientras tanto las aceras brillantes de lluvia, las apresuradas carreras de los viandantes bajo sus paraguas, el lívido blancor con que el cielo despide a este convulso mes de septiembre, dan a la ciudad la apariencia sombría y gris de un día triste de invierno.


Este relato obtuvo el segundo premio en el "I Certamen de Relatos Beatriu Civera" convocado por la Concejalía de Igualdad del Ayuntamiento de Valencia y aparece  publicado en la Antología del Certamen. Fallo del Jurado 26 de Junio de 2.017.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Dos pequeñas aventureras

La casa ha comenzado a llenarse de hormigas, plaga pertinaz que rauda y sigilosa todos los rincones invade. Tras los árboles el invierno acecha y, siempre previsoras, concienzudas, todas ellas su refugio preparan. Aunque... ¿Todas? No. Tal vez no todas. Cuentan que, tras conversar con una cigarra algo juerguista y atrevida, dos jóvenes obreras de su grupo desertaron y hacia la capital una noche de luna llena marcharon. Grandes cómicas -los rumores dicen- llegaron a ser y un hormiguero repleto de luces y candilejas juntas crearon. Así me lo contaron y a vosotros yo os lo cuento, mas ¡cuidado! tantas leyendas urbanas -embusteras fantasías- circulan estos días...



Microrrelato para el concurso "Relatos en Cadena" del programa La Ventana de la Cadena Ser.

sábado, 9 de septiembre de 2017

Sin rumbo


Lento, muy pausado, casi perezoso, el tren abandona la estación. Listos para emprender un camino que apenas a intuir comienzan pero muy largo e incierto adivinan, en sus vagones, desconcertados e inquietos, se acomodan los últimos viajeros. Espectros silenciosos sobrecogidos por el frío y la desolación de esta tenebrosa noche sin luna a la que de improviso se han visto arrojados, con una mirada de infinita tristeza se despiden del mundo que, sin ellos, tan desamparado y helado ahora queda.
Inmóvil, detenida en el andén, una mujer algo ya marcada por la edad observa como poco a poco, en la distancia, el extraño convoy se aleja. Una vez más -imposible ya resulta saber cuántas- lo dejó pasar y quizá ahora se arrepienta. Deseos, sueños, esperanzas, ilusiones... que desfallecidos, quejumbrosos, muy veloces, en la negrura de la noche se extinguen y en el aire una huella de misterio y de tristeza dejan.
Un leve brillo en sus ojos traiciona las lágrimas que, pese al dolor, se resiste ella a derramar. De nada sirve llorar lo que no fue, incansable se repite una y otra vez. Mas no halla consuelo. Diluido entre la bruma de sus miedos y silencios se desvanece, mientras tanto, para siempre y sin remedio -tan remoto, tan inalcanzable- el tren de las oportunidades perdidas.



Relato para los Viernes Creativos de https://elbicnaranja.wordpress.com/ inspirado en la imagen de Juan Felipe López Arbide.

lunes, 4 de septiembre de 2017

Septiembre


Melancólico y sereno, suave, tenue, casi de puntillas, regresa septiembre. Una advertencia de otoño hay en su luz, en el dorado matiz de sus colores que, pese a ser muy leve todavía, el verano ya sin remedio resquebraja. Acortan los días, refrescan las noches. Lentas y silenciosas pronto comenzarán las hojas a caer, desnudos quedarán los árboles, cubiertas por la hojarasca -efímera, crujiente- las aceras y los parques. Perdida en el recuerdo, cual veraniega postal, la ardiente furia del sol, las tardes junto al mar, los castillos de arena, el sabor a sal...
Un ejército de nubes cenicientas, en cualquier momento, de improviso, hará tronar la tempestad. Repiqueteará la lluvia en ventanas y balcones, charcos de cristal transparentes como espejos en las calles brillarán y un suave olor a tierra mojada en alas de un viento, tal vez cálido, tal vez destemplado y pertinaz, la ciudad suavemente envolverá.
 Y en ese instante, como siempre... una sonrisa alegre y luminosa que de nuestros labios escapa, una misteriosa sinfonía que a nuestro oído el viento susurra y a cuyo son todos  juntos, bellamente engalanados, danzamos, rendidos a la magia del nuevo otoño que, tímido, se anuncia.
Otoño. Eternas leyendas de tristezas y nostalgias su nombre arrastra. Del año siempre para nosotros la estación más bella. ¿Acaso lo dudabais? En nuestro destino escrito estaba. Al fin y al cabo -borrascoso corazón de la lluvia enamorado- impermeables, humildes, protectores... paraguas solitarios frente a la más cruel tormenta nosotros somos.  



Relato para los Viernes Creativos de https://elbicnaranja.wordpress.com/ inspirado en la imagen de Kristina Makeeva.

miércoles, 30 de agosto de 2017

El amor te hará inmortal. Ramón Gener - Reseña.


"Mi padre murió dos veces. La primera, una mañana soleada en la que el Alzheimer nubló su mente y me olvidó. Y la segunda, tres días antes de Navidad, cuando, convertido en el Bolero de Ravel, dejó de respirar”.
Ramón Gener, director y presentador del programa de televisión "This is Opera", escribió este libro tras la muerte de su padre, durante mucho tiempo enfermo de Alzheimer. Mezclando fantasía y realidad, de la mano de las tres Moiras griegas del destino, el autor emprende un viaje a través del tiempo y el espacio que le lleva a diferentes lugares y momentos de la historia de la música para mostrarnos con exquisita sensibilidad el dolor, la emoción, la  desesperanza de los grandes maestros en su peor momento, en el momento de enfrentarse como él a la pérdida y a la definitiva ausencia de la muerte. Verdi, Puccini, Brahms, Farinelli, Berlioz, Joaquín Rodrigo, María Callas... a todos nos los presenta en su mayor instante de tristeza, de derrota o incomprensión y con todos nos hace emocionarnos y asistir a la transformación de un dolor inmenso en inspiración, belleza e inmortalidad.

Es esta una historia sobre músicos pero por encima de todo es una historia sobre sentimientos y emociones, un alegato en favor de la memoria y de la vida repleto de magia, de ternura, de poesía, envuelto en música, literatura, cine, teatro y mitología. Una historia de amor bella, conmovedora, delicada, luminosa y muy esperanzadora.

martes, 22 de agosto de 2017

Cuento de una noche de verano


Se llamaba Belinda y era la más bella muñeca del escaparate. Delicada, exquisitamente hermosa, una pequeña dama vestida de seda, encajes y suave terciopelo, ojos azules, rubor en las mejillas, rubios cabellos recogidos en perfectos bucles sobre su cuello de cera. Sentada al piano suspendidas las manos sobre las teclas unas veces, de pie tras el cristal otras, acunada en la nostalgia, siempre melancólica, indiferente y frágil, miraba la vida pasar. Etérea, suave, transparente, dulce como un sueño de infancia.
Los días en el almacén de antigüedades se iban así sucediendo uno tras otro, cada uno parecido al anterior -apacibles, perezosos, rutinarios- entre la admiración y la indolencia que la muñequita despertaba hasta que en algún momento y sin que nadie pudiera explicar cómo, algo muy extraño sucedió. Una mañana ardiente y luminosa de aquel lánguido e inacabable verano, la vitrina que hasta entonces ella ocupaba amaneció vacía. Belinda no estaba. En su lugar, el rastro deshojado de  una rosa blanca de cristal.
Cuentan que, enamorada de un titiritero que por aquel tiempo de paso se hallaba en la ciudad -un muchacho guapo de ojos grises y vivaces, rostro atezado por el sol e irresistible sonrisa soñadora- aturdida de amor, tras él huyó una noche de luna llena. Raudas y fugaces, divertidas, cómplices, chispeantes, atrevidas... cientos de perseidas en el firmamento destellaban y su magia y fantasía sobre el mundo aquella noche vertían.
Burlado de tan fantástico modo, casi por milagro, su destino de inanimado y lujoso juguete inalcanzable, de feria en feria, felices y sin rumbo, siempre juntos los dos, recorren desde entonces los caminos. Eternos vagabundos perdidos por  el mundo.
Sus vestidos ahora rasgados y en desorden, el cabello desgreñado, los brazos descascarillados, magullada su blanquísima piel de porcelana, nada en ella recuerda ya a la bella damisela, siempre al borde de la vida acurrucada, que alguna vez fue. Brillan sus ojos, antes tristes y apagados y un sentimiento desconocido, algo muy cercano a la esperanza, habita su alma. Y es que frente a él, por primera vez, su corazón latió. Una palabra, un gesto, una sonrisa a tiempo y... una vida que renace por arte de magia.
 Sucedió que sólo aquel joven alegre, descarado, irreverente y bohemio que por ventura quiso el azar  cruzar en su camino, fue capaz de consolar su dolor, de ver lo que nadie más acertó nunca a comprender: la soledad, la tristeza, el insondable vacío en que se ahogaba. Y sólo él le dio también una razón para soñar. Con la quietud y la inmensidad de un hechizo rozaron sus ojos los suyos, un beso con dulzura infinita dejó en sus labios y con bellas, suaves palabras de amor sus oídos arrulló. Como el regalo más precioso apareció para quererla cuando menos lo esperaba, para siempre borró las sombras del pasado y un nuevo destino, una vida entera le entregó: fulgurantes noches repletas de estrellas, tibios amaneceres cubiertos de rocío, cálidas brisas perfumadas de jazmín, la belleza muda de un instante en que nada pasa y pasa la vida. Ráfagas de alegría y felicidad, mariposas en el alma, secretos de amor, estremecimientos de ternura, caricias en el corazón... Latidos de magia y de poesía.

Y es que a veces, sólo a veces, los sueños se cumplen. Es entonces que el destello errante de una estrella, el acompasado latir de dos corazones, el dulce contacto de unas  manos que se unen, un abismo de soledad y silencio resquebraja, sombras y desdichas ahuyenta y una noche de verano misteriosa y hechicera al mundo deslumbra con su luz, con su encanto, con su embrujo y su belleza.



Imagen: Internet

domingo, 20 de agosto de 2017

El espíritu del lago


Guarda el bosque una leyenda de soledades y melancolías, de amores contrariados y corazones rotos, de dolor y muerte, de llanto y desolación. Cuentan que, entre las cristalinas aguas del lago que al borde de la ladera brilla, incorpóreo como ellas, fugaz y transparente, un espíritu de mujer habita. Unos ojos verdes, embrujadores, misteriosos, muy bellos y tristísimos que, de cuando en cuando, entre esas aguas -las gentes del lugar dicen- se divisan. Unos ojos que una traición de amor lloran sin consuelo, que, esperanzados y pacientes, ingenuos e inocentes, al amparo de la noche y de sus sombras, bajo aquellas mágicas aguas argentinas, siempre brillantes, contra toda esperanza al traidor aún esperan, tal vez le amen todavía. Sólo a los llorosos sauces, a los álamos centenarios, a los frágiles juncos y dulces nenúfares, a la brisa suave y la espectral neblina, algunas noches claras de luna llena su secreto revelan, junto a ellos lloran su infeliz destino y, sólo a ellos, sin palabras, hablan de su herida.



Relato para los Viernes Creativos de https://elbicnaranja.wordpress.com inspirado en la imagen de Tim Walker.

viernes, 18 de agosto de 2017

Una tarde de verano


Desde la distancia, desde el pensamiento y la belleza, golpeados por la pena y la impotencia, invadidos por la angustia y el vacío, heladas lágrimas de cristal por los mortales lloran los ángeles del cielo. Lágrimas por una tarde de verano para siempre en mil esquirlas rota, por el futuro perdido que, tal vez, un día juntos dos corazones soñaron, por el desconcierto y el espanto a sangre y fuego grabado en los ojos de un niño, por tanta inocencia sin remedio perdida, por la tristeza profunda y el infinito desconsuelo de lo irremediable. Lágrimas que sombra, dolor y el arañazo del desamparo arrastran. Lágrimas desoladas, frágiles y desvalidas que hoy sobre la tierra vierte el cielo por tantas almas que, inmisericordes, nunca olvidan, no perdonan, a otras hieren y no aman.


Imagen: Internet.

lunes, 14 de agosto de 2017

El viaje


Abierta sobre la cama, todavía vacía, la maleta sonríe amenazante. El muchacho la contempla con una asfixiante sensación de vértigo en el estómago. Tanto tiempo como lleva soñando con el viaje, tantas noches en vela, tanta ilusión. Y ahora... ese miedo que a traición se le cuela entre las tripas, ese miedo que implacable martillea sus sienes. Pero no puede echarse atrás, ya no. No habrá otra oportunidad, lo sabe. Es este su momento y debe aprovecharlo. Marchar, descubrir el mundo, volar lejos muy lejos del hogar y un día, tal vez, regresar.

<<¿Listo? nos vamos, prepárate>>, muy suave y muy bajito le reclama una voz al otro lado de la puerta. Su corazón entonces se acelera, lo siente latir sin control y una inoportuna sensación de claustrofobia lo asalta por sorpresa. Nunca le gustó la oscuridad, sólo fingía ser valiente pero no es ya tiempo de arrepentimientos ni lamentos. Resignado, muy asustado, respira hondo del modo en que ha practicado durante los últimos días, la angustia cede poco a poco, se desviste, murmura una plegaria triste y dolorida y al fin, con una pirueta digna del mejor contorsionista, se acurruca dentro de la vieja maleta y cierra los ojos.


Este relato resultó seleccionado entre los ganadores del certamen julio-agosto 2.017 de "Esta Noche Te Cuento".

Imagen: Eduardo Úrculo.

sábado, 5 de agosto de 2017

Cuenta la leyenda


Nunca mueren los viejos rockeros, cuenta la leyenda y no seré yo quien la desmienta. Al contrario. Casi podría asegurar que sea cierta. Tampoco quiero engañar a nadie y debo añadir por eso que morir tal vez no mueran pero envejecer... ¡ay! envejecer, vaya si lo hacemos.
Dejen que les cuente mi historia. No es una gran historia y nada tendría de particular si no fuera por el único y chiquitísimo detalle de que es la mía. Convendrán conmigo que, aunque insignificante, esta circunstancia resulta para mí fundamental. Aunque, tal vez... tal vez en el fondo sí lo sea. Una gran historia, digo. No sé, ustedes juzgarán. Pero, discúlpenme, a punto estaba ya de andarme por las ramas. Es esta dichosa tendencia mía a divagar que en cualquier momento me asalta. Y es que me encanta conversar aunque muchas ocasiones de hacerlo no tenga, esa es la verdad. Gajes de la vejez, ya les dije que, lenta pero despiadada e inmisericorde como suele, sin apenas darte cuenta, derrotado y solo el día menos pensado te deja. En fin, el caso es que creo haber avivado ya una pizquita su curiosidad y prometo no aburrirles si me brindan, generosos, su atención. 
Verán, todo comenzó por culpa de una joven. Lo sé, lo sé, no es un arranque muy original pero... es lo que sucedió. Una joven, les decía, que despertó un sentimiento hasta entonces desconocido para mí. Nada importa ya su nombre y pocos amigos quedan que pudieran recordar, aun así -lealtad inútil, bien lo sé, mas siempre para mi tuvieron importancia ciertos gestos- guardaré el secreto. Magia, luz, belleza. Todo en torno a ella parecía siempre gravitar. Un soplo de felicidad me acariciaba el corazón cada vez que sonreía. Su mirada me hacía soñar, me ahogaba de amor y en mi infeliz inconsciencia, joven e ingenuo como era, a toda costa decidí lograr que ella me quisiera y con ese fin tracé un plan magistral.
Corrían los años cincuenta, el rock and roll despertaba con fuerza y yo, un muchacho hasta entonces tímido y del montón que nunca en nada había sobresalido, me aferré con pasión a aquella oportunidad. El cambio en mi apariencia resultó fundamental, debo reconocer: largas patillas, brillantina en el pelo, elaborado tupé, ropa ligeramente extravagante y... ¡voilá! patito feo de golpe transformado en bello cisne. Estrategia infalible.
Aunque nunca hasta entonces había la música entrado en mis planes, no cantaba mal y yo lo sabía. La vergüenza y los nervios me mataban pero recuerden que había una chica por conquistar y nunca hubo ilusión más poderosa en este mundo. Fue así que un día, en un baile de verano, quizá fuera la noche de San Juan siempre tan misteriosa y hechicera, tuve un impulso que para siempre cambiaría mi vida: abracé con descaro mi guitarra, subí sin pensarlo al escenario y, bueno, no es que quiera alardear pero... ¡fabuloso! no encuentro otra expresión. Aquel pueblo de casitas blancas junto al mar, la última luz del día desvaneciéndose en el horizonte, mil acordes fugitivos entre la brisa a la deriva, público enloquecido, electricidad en cada aplauso, martillazos en mi corazón. Sus ojos... ¡Ay!, aquellos ojos clavados en los míos.
Deseé con toda la fuerza de mi pobre alma enamorada que los relojes  se parasen, que se detuviese el tiempo y ese momento durase para siempre. Hace ya tanto de todo aquello.
En fin, ¿qué puedo decir? Me convertí en una estrella sin apenas darme cuenta y lentamente mi vida se disolvió en el caos. Rocé una felicidad que, de golpe, escapó de entre mis manos. Ella dijo que nunca podría quererme, el aire a nuestro alrededor en ese instante se congeló, murió el romance y yo me obligué a olvidar. No sé  por qué pero eso hice y hube de aceptar al fin que lo que una vez creí posible no lo era en realidad. Mudo de estupor, ni siquiera lloré.
Pasaron los años. Alegrías, penas, victorias, derrotas, simulacros de amor... Ruido y silencio.
Nada queda ahora. El tiempo se arrastra muy lento y todo me es ajeno en este limbo donde habito, aunque quizá tan sólo ocurra que demasiado cansado estoy ya de vivir sin ella, eterno enamorado de quien nunca volverá.
A pesar de todo, apagado, vacío, viejo y decrépito como estoy, para siempre ausentes quienes alguna vez mi mundo y mis sueños compartieron, algo superior a mi voluntad, más grande que yo mismo, me retiene aquí. Música y recuerdos se cuelan por alguna grieta del tiempo para susurrarme quién fui, para devolverme una gloria antigua. Exiliado de un lugar al que nunca podré regresar, en  ocasiones es brutal la soledad que siento e infinita la nostalgia por todo lo perdido.

Pero esperen, creo que estoy haciendo que suene peor de lo que es y no es eso. No, en absoluto. No pretendo despertar su compasión. Sólo ocurre que a veces me abruman los recuerdos y sueño la historia de un amor que nunca fue. Impenitente romántico en el fondo, ya ven. Pero no. No deben sentir lástima. Yo soy el Rey. ¡Todavía! ¡Siempre! Y sin embargo.... Los años, este cansancio infinito, tantas pequeñas humillaciones cotidianas, sin tregua me hacen dudar si este tipo vestido de blanco que salta todavía cada noche al escenario y mueve sus caderas maltrechas al ritmo de un inmortal "King Criole" soy yo mismo, mi fantasma o mi más fiel, entregado y devoto imitador.

viernes, 4 de agosto de 2017

Carta sin destino


Un ejército de hombres derrotados, de hombres sin rostro, sin sueños, sin futuro, tristes autómatas al cuidado de nadie que por una quimera imposible con furia lucharon un día, recorre mis entrañas. Sobre mí siento su llanto, su herida, el grito atronador de su cólera y su desgarro. Suplican desde su abismo mi ayuda. No deseo traicionarles. Aún así tampoco logro alcanzarles. Sé que no lo intento. Quisiera comprender qué me ocurre, cual fue el maléfico embrujo que en algún momento, sin apenas darme cuenta, secuestró mi voluntad para convertirme en esta marioneta sorda e insensible que ahora soy. Imploro con estas palabras un perdón que no merezco y a cada instante los pienso, torturado por la culpabilidad y la vergüenza que serán para siempre mi condena.
Firmado: El corazón roto de la vieja e inclemente Europa.


Relato para los Viernes Creativos de https://elbicnaranja.wordpress.com/ inspirado en  la imagen de Pedro Riverol Sicilia.

lunes, 31 de julio de 2017

Chicos y Chicas. Soledad Puértolas - Reseña.


Once relatos componen el último libro de Soledad Puértolas "Chicos y Chicas". Once relatos donde la autora, con el trasfondo común de las relaciones familiares y sobre todo de pareja, atrapa a sus personajes en algún punto conflictivo de sus vidas para mostrarnos su fragilidad, sus miedos, sus sentimientos, sus contradicciones, sus incertidumbres, sus desencuentros... Todos ellos son relatos deliberadamente inconclusos que no ofrecen un desenlace al lector, que le sitúan frente a escenas o anécdotas de otras vidas, sin juicios ni explicación, como si el tiempo se hubiera detenido en ese momento.
Con una prosa sencilla, sobria pero también elegante y muy cuidada, nos permite la autora asomarnos a instantes concretos, a recuerdos, a sueños, a deseos, a  problemas cotidianos en la vida de hombres y mujeres absolutamente normales y corrientes, que continuarán luego su camino fuera del foco del lector y cuyas motivaciones sólo a él corresponde imaginar.

Capturan estos relatos momentos de vida que simplemente suceden. Vidas de repente trastocadas por un detalle, por un hallazgo, por un encuentro inesperado. Muy presente en todos ellos la importancia del azar. Vidas aparentemente normales donde quizá nada sea lo que parece.

domingo, 23 de julio de 2017

Al filo de un quizás nace la esperanza


Sssshhh... Silencio. Dejad que duerma. No la despertéis. ¿No veis que sueña? Miedo, soledad y tristeza a las puertas del sueño a su suerte abandonados; un beso lejano en sus labios de algodón un día olvidado; un recuerdo, un suspiro, una caricia, una ilusión...; junto al suyo, el rítmico latir de un gastado corazón; una sombra del pasado -derrotada y malherida, siempre enamorada- que entre sus sueños -confiada, dulce, pícara- invisible cada noche se desliza... No, no la despertéis. De mi absurda esperanza tened compasión, dejad -os lo ruego- que duerma. Tal vez,  conmigo sueña.


Microrrelato para los Viernes Creativos de https://elbicnaranja.wordpress.com/ inspirado en la fotografía de Geir Mosed.

lunes, 17 de julio de 2017

Cortejo en la Catedral - Reseña.


Publicada originalmente en el año 1.893 y recuperada ahora por "D'Epoca Editorial" en una preciosa edición ilustrada por Charles E. Brock, "Cortejo en la Catedral" de Kate Douglas Wiggin es una novela corta narrada en forma de diario que, siguiendo las huellas de sus protagonistas, a través de sus anotaciones y siempre desde el punto de vista de ambos (recurso este muy original) nos lleva a recorrer los parajes más pintorescos de la Inglaterra del S.XIX de catedral en catedral.
 Una lectura diferente, amena, ligera, llena de detalles y situaciones insospechadas, incluido un pequeño homenaje a Jane Austen y su obra "Persuasión".
Relato de un romance sin demasiadas pretensiones pero mucho sentido del humor, en el que en todo momento predomina la ironía y el tono de comedia.

Divertida, desenfadada, pícara. Una historia cautivadora que se lee de un tirón y deja al terminar una sonrisa en los labios.  

martes, 11 de julio de 2017

Triste sirenita

Acurrucada en la arena, lloraba triste la sirenita. Se sentía tan sola, tan perdida en ese mundo desconocido y ajeno de pronto tan árido y hostil. Echaba tanto de menos su casa... el olor a sal, las algas, los corales, el hondo y rítmico latido del mar. ¡Ay, el mar!, ¡cómo le dolía su mar!. Con él soñaba. Soñaba despertar en mañanas plácidas, suaves y benignas, nadar en las tardes de sol hasta que el ocaso tiñera de naranja el horizonte, hasta ese instante en que poco a poco el agua cambiaba de color: del verde al azul, del azul al añil y por último casi al negro, dejarse mecer por aquellas olas brillantes, blanquísimas y juguetonas que tan bien todavía recordaba; soñaba con playas de arenas blancas, pescadores remendando sus redes bajo la última luz del día, la aventura misteriosa de algún velero espectral, la romántica voz de un vapor en alta mar... Soñaba la libertad.
Todo lo había perdido tras un espejismo de amor del que ya nada quedaba salvo infinitas promesas rotas y un bello príncipe tornado en cruel Barbazul. Tarde se dio cuenta... "Encontraré el camino de regreso", se dijo, al adentrarse lentamente en aquel mar bravío de aguas oscuras y profundas que tanto la había añorado, decidida a no flaquear esta vez. A cada paso se hundía más y más. Su alma, libre al fin, sonreía.


Este relato fue seleccionado entre los finalistas del "II Premio Nacional Narrativa Breve Villa de Madrid" y aparece publicado en el libro editado por la entidad AEPE. Junio 2.017.

sábado, 8 de julio de 2017

Un cuento de amor


Una advertencia de otoño hay en la luz y un halo de melancolía tiñe de romanticismo los colores del parque. El momento es perfecto y el muchacho no duda. La mira con dulzura, toma su cara entre las manos, la besa... Y es aquel un beso tierno, apasionado, mágico. Un beso de cuento. El beso de un príncipe a su princesa. Un auténtico beso de amor. En ese instante comprende ella que está enamorándose. Y sonríe. Enamorada, sí, pero... no de él. ¡Lástima! No es este mi cuento, se dice con cierto remordimiento. Y tras un segundo echa a correr.


Microrrelato para los Viernes Creativos de https://elbicnaranja.wordpress.com/ en homenaje a Ernesto Ortega y su "Microenciclopedia ilustrada del  amor y el desamor".

jueves, 6 de julio de 2017

Elizabeth y su jardín alemán - Reseña.


"A veces la felicidad se esconde tras las verjas de un jardín, lejos de un marido que no te entiende y cerca de tus libros más queridos...".

Publicado por primera vez en 1.898 "Elizabeth y su jardín alemán" es un relato que contagia serenidad y optimismo. En forma de diario narra la autora -Elizabeth Von Armin- el paso de las estaciones a través de las plantas y flores de su jardín, la felicidad que en su cuidado encuentra, su lucha por convertir una finca casi abandonada en el jardín que siempre soñó tener, los juegos con sus hijas, la vida al aire libre, la importancia que da ella a la soledad, su modo de entenderla...
En tono irónico, descarado y burlón en ocasiones, cuenta la autora su indiferencia por una sociedad que siente completamente ajena y de la que por todos los medios procura distanciarse, su relación con un marido ("El Hombre Airado") que ni la entiende ni lo pretende, su desinterés por la rutina doméstica, la felicidad que encuentra en las más pequeñas cosas: libros, naturaleza, amigos, libertad...
Escrita de un modo sutil y delicado, muy sensible, las ideas que subyacen en la historia son, sin embargo, tremendamente rompedoras. Evidente resulta la crítica a la sociedad de la época, a la educación y el papel de las mujeres y evidente es también la reivindicación de un imprescindible espacio de libertad personal.

Un libro original, elegante, ocurrente y muy agradable de leer recuperado ahora por Lumen en una bellísima edición. 

domingo, 2 de julio de 2017

Lloran las rosas

Hace rato que ha anochecido y la luna fría y pálida, casi recién nacida, que ahora flota en la penumbra apenas ilumina un cielo que la niebla vuelve fantasmal. Ha sido un día triste, doloroso. Todo el pueblo ha querido despedir a Jaime y muy pequeño se ha quedado el cementerio que -a veces olvidado, siempre misterioso- en lo más profundo del valle, al borde de un riachuelo de aguas lentas y apacibles, yace. Conmocionados, incrédulos e impotentes todos, sobrecogidos, incapaces de hallar palabras de consuelo para una mujer con el corazón en pedazos y dos pequeñinas de trenzas rubias que, aferradas a la mano de su madre, apenas alcanzan todavía a comprender la fractura  irreparable que acaba su mundo de sufrir.
Oculto entre las sombras, incapaz de abandonar su protección, ha contemplado un hombre la escena maldiciendo, con el angustioso desconsuelo de lo irremediable, los años perdidos, el miedo y el orgullo que siempre, una y otra y otra vez, sin remedio arruinan su vida. Al fin, cuando todo queda en silencio y soledad, cuando sólo el rumor del agua y el lamento del viento rompen la quietud de la noche, se aproxima a la sepultura. Con los ojos a punto de estallar en lágrimas e infinita ternura sobre ella deposita entonces una rosa roja: frágil, bella, solitaria, herida... Tras los árboles, mientras tanto, siempre implacable, el invierno acecha.

Ángel de ojos tristes


A veces sucede que un ángel del cielo, tratando de comprender el misterio de los mortales, tanto al filo de su nube se acerca que cae a la tierra.  De inmediato, en lágrimas, su memoria entonces se deshace. Condenado a vagar por el mundo, reirá, amará, sufrirá y tal vez, sólo tal vez, hallará la alegría. Muy al fondo de sus ojos celestes, sin embargo, oculta en su mirada más profunda, si miráis con atención, encontraréis siempre la sombra de una decepción inexplicable. Un recuerdo, un silencio y un  lamento que entre sus sueños late. Un eco de eternidad que, al despertar, inalcanzable, etéreo, fugaz como una estrella, en el aire raudo se deshace.


Relato para los Viernes creativos de https://elbicnaranja.wordpress.com/ inspirado en la imagen de Icy and sot

martes, 27 de junio de 2017

Un héroe cansado

"Un accidente" eso es lo que todos dirán, estoy seguro. Pero no. No lo ha sido en absoluto. Y tal vez sea esa incomprensión lo que en el fondo más me duela. Una eternidad sobrevolando bajo esta mágica capa de súper héroe los abismos del mal, del dolor, de la miseria; contemplando a vista de pájaro la fragilidad de la vida, tanto desconsuelo... Imposible era salir indemne, deberían saberlo. El desengaño y la frustración, también la soledad, hace ya mucho tiempo que devoraron mi alma. Nadie se dio cuenta, sin embargo. Soy bueno disimulando. Pero hay días, muy de vez en cuando, en que la desesperación y este cansancio infinito que de un tiempo a esta parte siempre me acompañan al fin me vencen y, sí, ya sé que soy inmortal -eterno hombre de acero- pero esos días, días como hoy, encaramado unas veces a la más alta azotea de la ciudad, al campanario de cualquier iglesia olvidada y ya sin nombre otras, cruzo los dedos, retengo con esfuerzo las lágrimas que arrasan mis ojos, contemplo retador el vacío, a él me lanzo y con conmovedora ingenuidad murmuro: tal vez hoy... 

domingo, 25 de junio de 2017

Lágrimas de espuma


Entristece la belleza del mar. En su más profunda oscuridad devora el silencio las horas y en un instante eterno, entre algas, arrecifes y corales que nadie a contemplar alcanza, parece el tiempo haberse detenido. Llora el océano su derrota y para tanto dolor y pérdidas calladas como en su fondo yacen no halla consuelo. Una lúgubre sepultura, donde sólo horror, vergüenza y muerte laten, es ahora su corazón. Refugio eterno de recuerdos, olvidos y fantasmas que en las más feroces noches de tormenta al mundo espantan con su rabia y su desgarro y hacia playas de arenas calmas los gritos ahogados de un naufragio de mil sueños imposibles, implacables, arrastran. Vidas sin tiempo. Futuro perdido. Tiempo a la deriva antes de vivir huido. Eterno fugitivo que, oculto entre olas y lágrimas de espuma blanca, las huellas de incontables ilusiones y mil rotas esperanzas a los pies de un mundo siempre a su tragedia indiferente tristemente deposita: un gemido, un lamento, el ojalá melancólico y desolado de la historia que pudo ser, de la historia que al fin nunca fue. De un delito que no cometió todos entonces -apenas un instante conmovidos- al mar culpan. Y le llaman asesino.


Relato para los Viernes Creativos de https://elbicnaranja.wordpress.com/ inspirado en la imagen de Cyril Rolando.

miércoles, 21 de junio de 2017

No somos refugiados. Agus Morales. Reseña.


"Un nuevo mundo está naciendo: un mundo en el que llevan ventaja los que nunca se entretuvieron con la poesía".

"No somos refugiados", libro escrito por el reportero Agus Morales y recién publicado por la editorial "Círculo de Tiza", sigue los pasos en un recorrido por prácticamente los cinco continentes de quienes, por diferentes causas, en algún momento de su vida se vieron obligados a abandonar sus lugares de origen. Son los desterrados de la violencia y junto a ellos nos hace caminar el autor a través de un relato estremecedor que, si bien trata de explicar los orígenes de la situación, se detiene, más allá de cualquier otra consideración, en la vida y la historia de personas concretas. Nos cuenta su dolor, su desamparo, sus ilusiones, sus esperanzas... Nos adentra en sus vidas con respeto y humildad para hacernos entender que más allá de ese momento traumático que irremediablemente para siempre cambiaría su historia, siguen siendo las mismas personas que antes eran: médicos, ingenieros, niños, padres, maestros, poetas, pobres, ricos... personas. Más allá de su condición de refugiados, personas.
Es este un libro que nos obliga a ponernos en la piel del refugiado, a sentir su miedo, su rabia, que interpela directamente al lector con preguntas muy incómodas: ¿qué harías tú?, ¿cuáles son tus líneas rojas?, ¿por qué serías capaz de matar?, ¿es violencia la indiferencia...? y nos enfrenta directamente a nuestra apatía y egoísmo.
Un libro que relata la historia de un éxodo y de un fracaso. Que habla de guerra y dolor, de miedo y soledad, de vergüenza y rabia, de la inmensa crisis de derechos humanos y dignidad a la que hasta ahora ninguna respuesta ha sido capaz de dar Occidente.
Un libro -realmente éste lo es- imprescindible.

lunes, 19 de junio de 2017

Y el día termina

Sin beso de buenas noches, sin sonrisas, sin magia, sin caricias, ahogados de improviso en la rutina, repleto el corazón de reproches sordos y marchitos... Indiferentes, insomnes, muy juntos y  muy solos, dos náufragos desvalidos en el silencio de la noche a la deriva. Así, espalda contra espalda, a mil besos de distancia, para  ellos el día termina.


Microrrelato para el concurso "Relatos en Cadena" del programa La Ventana de la Cadena Ser.